viernes, 12 de septiembre de 2014

1914-1918: La guerra de las trincheras


Obra dibujada y guionizada por Jaques Tardi (Francia, 1946), uno de los historietistas más importantes de esa república, fue publicada en 1993. Narra diversas historias y retazos al respecto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Bien podría decirse que es un cómic-documental, pues el autor se basó en diversos testimonios de la época, cartas y datos que pudo obtener, aunque intenta alejarse de los números y los historiadores.


Tardi toma distancia del registro histórico duro, ese que sobra en los libros de texto, y posa su lente sobre aquellos que no tuvieron derecho a réplica durante el conflicto: “No me intereso más que en el hombre y su sufrimiento, y mi indignación es grande”, nos dice. El autor recurre a los actores más directos, quienes han sido acallados por el paso del tiempo y forma un mosaico de proporciones cubistas que bien podría comparar con el Guernica en su discurso anti-belicista si no fuera porque la visión aquí es irónica y, desencantada. La narrativa se torna satírica y desesperanzada en muchos tramos y podría incluso decir, citando a Hayden White, que Jaques Tardi “contempla esas esperanzas, posibilidades y verdades en forma irónica, en la atmósfera generada por la aprehensión de la inadecuación última de la conciencia para vivir feliz en el mundo o comprenderlo plenamente"; así que al final no hay reconciliación posible con la realidad ni redención, por lo que todo se torna umbrío y nos deja con la sensación de que ninguna de lucha ha valido la pena.  


Una de las críticas que se le ha hecho a esta novela gráfica es que no cede la palabra a extranjeros y el mismo autor se excusa por ello, como el mismo nos dice: “Me he limitado al bando francés por dos razones ¿Cómo reaccionaron en combate los ingleses?¿Cómo era el estado anímico de los italianos? Es muy difícil imaginar la mentalidad de un joven en 1914. Por supuesto, la mayoría de las naciones participantes en el conflicto salen mencionadas y se hace constante alusión a los alemanes como "los boches" (he empleado ese término sin desprecio, pues era el que se usaba en esa época). Espero haber sido lo suficientemente claro para que nadie hable de sentimientos de venganza o nacionalistas. He querido hacer alusión a las pobres gentes de nuestras colonias, alegremente invitadas a participar en "la fiesta". Quien ha llamado mi atención es el hombre, sea cual sea su nacionalidad, el hombre de quien se dispuso, el hombre cuya vida no valía nada en manos de sus superiores...”. 


Sólo los soldados podían dar cuenta de esta carnicería y el mismo dibujante acepta que sólo les ha prestado imágenes. No hay tintes patrióticos aquí y los jóvenes sólo anhelan salir de ese infierno. Los guerreros no son heróicos ni siquiera valientes ¿Quién puede serlo ante tanta inmundicia? La derrota es a partes iguales y cada uno es llevado hacia el gran matadero, hacia la oscuridad que acecha como metáfora en alguna de las zanjas, en un túnel o incluso a la sombra de la “Tierra de nadie” donde habitan los fantasmas y  los cadáveres. Luego llega el silencio y, para los que sobrevivían,  sólo resta “el horror, el horror, el horror”  como escribió alguna vez Josep Conrad.


La guerra de trincheras es un texto poderoso, cada cuadro es un canto contra la estupidez y una muestra de los horrores de la contienda bélica. Recopilación de cifras, sucesos dispersos y pensamientos, nos revela la cloaca en la que se convirtió toda la humanidad durante ese período. A cien años de La Gran Guerra, vale la pena leer este trabajo y reflexionar.  

sábado, 6 de septiembre de 2014

Plaisir d'amour

Hay ciertos días en que una canción comienza a rondarme la cabeza. A veces esto dura sólo una tarde, en otras ocasiones unas cuantas semanas y, en el peor de los casos, pueden pasar meses y la cancioncita sigue en mi materia gris. En esta ocasión la tonada viene de muy lejos y de mucho tiempo atrás. Plaisir d'amour es un romance escrito en a finales del  siglo XVIII, escrito por  Jean-Pierre Claris de Florian e incluido en la novela La Nouvelle Celestine

Esta pieza ha sido interpretada por diversos músicos y se popularizó en los cafés y la bohemia parisina. La letra original es una historia tan vieja como el tiempo: el personaje se lamenta con su canto porque ha dejado todo de lado por Silvia, su enamorada, y ella lo ha traicionado al abandonarlo por un nuevo amor.  

“Tant que cette eau coulera doucement 
Vers ce ruisseau qui borde la prairie,
Je t'aimerai, me répétait Sylvie,
L'eau coule encore, elle a changé pourtant”.
[-Tanto como esta agua correrá dulcemente
hacia el arroyo que bordea la pradera,
yo te amaré.- Me repetía Silvia.
El agua corre todavía, sin embargo ella ha cambiado.]

La canción es de lo más sencilla, tiene una letra nada complicada y parece que fuese compuesta para que cada quien la completara con su interpretación personal. Claro, las cosas menos complicadas son en realidad las más enrevesadas. 

La famosa Brigitte Bardott hace su versión para el filme Boulevard du Rhum, aunque sólo repite el estribillo y mantiene la música. También me gusta la interpretación de Marianne Faithfull, aunque cambia la letra en la versión inglesa; porque se olvida del texto de  Jean-Pierre y los versos se centran en la felicidad que produce el amor, cómo cambia la forma de ver el mundo y todo se torna más ligero y colorido "Mi amor me ama y es maravilloso todo lo que veo", dice primero, y luego: "mi amor se ha ido, aunque todo lo que dijo quedó guardado en mis latidos". La versión anglosajona tiene quizás una visión consoladora; aunque, como si tratara de advertirnos, termina con el estribillo original: 

“Plaisir d'amour ne dure qu'un moment,
chagrin d'amour dure toute la vie.” 
[Placer de amor no dura más que un momento. 
Dolor de amor dura toda la vida].

Es curioso, pero quiénes mejor interpretan esta canción son siempre mujeres y ninguna de las adaptaciones que hacen hombres me gusta. Mi versión favorita es la que canta Joan Baez en un concierto de 1965 para la televisión inglesa:

sábado, 23 de agosto de 2014

23-8

El joven de atención al cliente mira mi pasaporte en el banco:

-¿Les piden visa?-

-Sí.

-Idiotas, no deberían. ¿Usted se viene a quedar a vivir acá?

-No, sólo a estudiar una maestría. Pienso regresar a mi país. 

-Son unos imbéciles. Los latinoamericanos somos lo mismo. No deberían ni pedirles visa, pero éstos por seguirle el juego a los gringos... Ash, en fin. 

Termino mi trámite y regreso a mi apartamento. Enciendo la radio mientras lavo los trastos: 

-¿Y  a qué vienen?- Increpa el locutor a su invitado.- Ya no hay para más gente en México, no podemos ni con los que ya estamos aquí ¿y todavía quieren que les demos cabida? 

-Es una crisis humanitaria-responde el invitado.- No podemos darles la espalda. A los mexicanos también nos toca ser inmigrantes. Ellos sólo vienen de paso y no a quedarse. ¿Con qué cara vamos a exigir que se trate bien a los nuestros si no podemos hacer lo mismo con otros en nuestra propia tierra?

-Pero es que no sólo les basta eso, también quieren intervenir en cómo nos gobernamos y eliminar la oficina de Migración -El sujeto levanta exaltado la voz.- ¿Acaso la constitución de México no nos obliga a expulsarlos sólo con que pidan eso? Sí, expulsarlos de oficio. No hay que olvidar que son migrantes "I-L-E-G-A-L-E-S" y ni siquiera deberían entrar a México sin papeles. Deberíamos de hacer lo mismo que Estados Unidos y deportarlos a sus países de origen. No tenemos por qué resolverles sus problemas. Díganme xenofóbico, no importa. ¿Quienes son ellos para exigir? Mejor que le exijan a su presidente. Que se regresen al lugar del qué salieron y vean cómo solucionan todo allá.  

Apago la radio. Estoy indignado. Hace unos meses hubo una marcha de inmigrantes por las calles del Distrito Federal y muchos fueron apresados al final. Algunos de ellos declararon: "Nosotros somos soldados caídos. Y nuestra guerra fue la falta de oportunidades, el desempleo en nuestros países. Entonces, es por eso que nos vimos en la obligación de migrar". El nombre de la protesta era "Viacrucis del migrante". Marchantes a veces hasta sin piernas o sin brazos y hasta sin rostro (a algunos los extorsionaron echándoles ácido en la cara para que sus familias pagaran rescates cuantiosos), vestidos con lo último que les quedó de un Estado que les dio la espalda. Todos solicitaban lo mismo: una vía de tránsito libre y segura, una forma de huir de tanto infierno: "Ya no queremos ver la muerte en el tren. Subirnos en el tren es como ver la muerte. Ya no queremos que la sangre de nuestro país, de Centroamérica, sea derramada en las vías del tren". Al terminar la manifestación, dieron las gracias en nombre de todos los extranjeros y pidieron de nuevo ser escuchados; pero la verdad es que nadie escucha ni aquí en México ni en Estados Unidos y mucho peor en sus tierras natales.

sábado, 16 de agosto de 2014

El último amor del Sr. Morgan


"Bueno, tú no amas a la vida misma. Tú amas lugares, animales, gente, recuerdos, comida, literatura, música. Y a veces, conoces a alguien que requiere de todo el amor que tienes para dar. Si pierdes a esa persona, crees que todo lo demás también se detendrá; pero todo lo demás sigue su curso. Giraudoux dijo: "Puedes extrañar a un solo ser, aunque estés rodeados de cientos de otros". Esos otros son como extras y nublan tu visión, son una muchedumbre insignificante, son una distracción no bienvenida. Así que buscas olvidar en soledad, pero la soledad únicamente consigue que te marchites."

-El último amor del Sr. Morgan.

Película estrenada este año, dirigida por Sandra Nettelbeck y adaptación de la novela La douceur assassine de Françoise Dorner. En esta obra, un anciano Profesor de filosofía, (Matthew Morgan interpretado por un brillante Machael Caine), enviuda y cae en una depresión profunda hasta que conoce a una joven instructora de baile por la que se siente atraído (Pauline encarnada por Clémence Poésy) y quien le devuelve cierto sabor a su vida. 

No es la obra del siglo y tiene algunos lugares comunes que le restan calidad (de hecho, el argumento me recuerda mucho a La Tregua de Mario Benedetti). Hay que decir que  nos hace dar vueltas antes de llegar a ese sitio común y, por momentos, nos engaña haciéndonos pensar que el final pudiera ser distinto de lo aguardado. Fue precisamente eso último lo que me desesperó un poco. La trama tiene bajones de ritmo que nos hacen sentir que la idea  de romance-amistad entre los protagonistas no fue desarrollada por completo ni explotada al máximo y, por tanto, al final se queda en momentos dulzones sin pasar a más. Otro pequeño "pero", si es que tal cosa se le puede llamar así, es que Michael Caine tiene una gran actuación que opaca a la de a sus contrapartes, quienes parecen no estar a la altura para dar la réplica y es justo en las escenas donde la acción pasa exclusivamente a ellos que todo se cae.

Ahora bien, lo rescatable son las reflexiones que el Sr. Morgan hace al respecto de la muerte, el amor, la pérdida, la familia, la soledad y el matrimonio. Además, los detalles a notar están en las pequeñas cosas, en esa ternura que la historia desprende a cuentagotas y que no encontramos en el argumento sino en las tomas: las secuencias breves de París y sus calles, el juego de simbolismos en cuanto a las ventanas y la iluminación, el baile como vitalismo y las pequeñas soledades del personaje principal. Todo los anterior hace que esta cinta sea muy agradable por tramos y me atrevería a decir que llena de una sencillez entrañable. 

sábado, 9 de agosto de 2014

9-8

                 
 
                  "mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la sustancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta".

-Octavio Paz, Piedra de sol.